Imposibilidades cumplidas

El panorama político de imposibilidades cumplidas que ha abierto este año no tiene desperdicio. El último de los imposibles, la dimisión de Mas como diputado y su consecuente pérdida de aforamiento, se materializaba durante la tarde ayer; después del imposible apoyo de de la CUP a un gobierno de convergentes con el hasta ahora desconocido Carles Puigdemont al frente.

Aunque la serie de imposibilidades comenzó en realidad el ya año pasado, cuando el 27 de diciembre, durante la votación a la investidura de Mas por la asamblea de la CUP, se llegó a ese empate tan imposible de 1515 a favor, 1515 en contra. Algo debió cambiar en el engranaje del universo, y desde entonces vivimos en un eterno Día de la marmota de eventos esperpénticos. Y es que el Esperpento es tan característico de España como de Cataluña.

Sin embargo, mientras en Cataluña, con sus imposibilidades, se sigue beneficiando a la oligarquía (que no es solo Mas) por una promesa que ignora todo lo que no sea preocuparse por una desvinculación con el estado español durante los próximos 18 meses; en la política española hay más registro ideológico. Porque ayer también se materializaba un nuevo congreso multicolor, con un presidente ajeno al partido más votado por primera vez en la historia, y con 69 diputados que juran la constitución “para cambiarla al servicio de la gente” y 2 supervivientes de la lucha de poderes que dan voz a un millón de personas. Otro tipo de imposibilidad cumplida.

“Pero”, estarás pensando, “si al final Mas ha caído, es una victoria para la CUP, ¿no? Además, se ha aprobado un Plan de Choque social gracias a ellos… Parece que al final todos han conseguido lo que querían”. Pues, si eso es lo que piensas y lo he acertado imposiblemente, no podría estar más alejado de la realidad.

Una cabeza israelí vale más que la de diez palestinos

Con esa significativa frase definía uno de los negociadores de Junts pel Sí a los miembros de la CUP la relación entre ambas listas, en alusión a Artur Mas frente a los diez diputados de la formación de izquierdas.

Desde luego, la caída de Mas no ha sido una victoria, sino el único pago por una rendición que ha supuesto a la CUP la dimisión obligada de dos diputados, la incorporación (también impuesta) de otros dos al grupo de JxSí, y el compromiso de que no se votará “en ningún caso” en el mismo sentido que los grupos parlamentarios contrarios al procés (que vienen a ser, ejem, todos los demás…), según el acuerdo parlamentario.

Pero antes incluso del acuerdo, antes incluso de la imposible dimisión (¿temporal?) de Antonio Baños porque no se apoyaba al “capitalismo de amiguetes” que tanto había denunciado, la CUP ya pagó la supremacía del soberanismo con la pérdida de su ideología, la ideología de izquierdas.

Xavier Monge, réquiem por una ideología

Hace algo más de un año, Daniel Guardans y yo escribimos sobre el efecto de enajenación transitoria, la cortina de humo, que generaba el independentismo en tiempos de crisis en nuestro artículo Un Prozac llamado Independencia, y también lo hizo Xavier Monge, en ese momento miembro de la CUP, en Opinión de eldiario.es:

“El proceso, o más bien el processisme, ha tenido un efecto narcótico sobre el debate político, haciendo desaparecer los matices e, incluso, la confrontación ideológica tanto evidente como necesaria. Esta voluntad narcótica, quirúrgicamente diseñada en los despachos convergentes y aplicada por su aparato mediático y propagandístico (público y privado), pretende ocultar una cuestión central en política: el poder.”

Qué pasó entonces, ¿cayó la CUP en la presión de los profesionales del poder y de su entorno mediático? La respuesta es, tristemente, afirmativa.

Xavier Monge, excabeza de lista por la CUP en Barcelona y defensor acérrimo del Plan de Choque, acabó dimitiendo como miembro del secretariado nacional del partido a finales de año tras publicar unos polémicos tuits:

Captura1

 

 

Monge representaba lo que Mas definió como “el espíritu revolucionario y a la contra por encima del sentido de país”; la izquierda que supone un verdadero enemigo para la derecha oligárquica; la izquierda ética y con principios sociales; la izquierda de verdad.

Su ideología, por desgracia para todos los que aún la tienen y que veían en la CUP un oasis de valores, no tuvo cabida en la formación que acabó apoyando a los convergentes; y él sigue siendo víctima de críticas en las redes sociales.

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“Ecologista, socialista, republicano, feminista, marxista revolucionario y siempre poniendo por delante las llamadas luchas de clase a los intereses del país.” Qué villano.

 

El Plan de Choque frustrado

“No se trata simplemente de que construyamos una república sin hambre, es que tenemos que poner solución a esta situación con o sin república, con o sin procés, con o sin independencia con la ley en la mano, o sin ella. […] Esto no va de partidos, negociaciones ni programas. Va de garantizar unos mínimos de subsistencia en pan, techo, salud y calor.” – Xavier Monge, El Plan de Choque no se negocia, se concreta.

¿Y qué pasó con el Plan de Choque? Pues lo único que puede pasar si se pierde la ideología. Ya lo dijo Eulàlia Reguant, negociadora de la CUP con Junts pel sí, “Nuestra propia gente está molesta con nuestro plan de choque porque es poco, porque tiene poco de cambio real y estructural. Hemos hecho un plan de choque sin estar contentos con él.”

La CUP consideró durante la campaña que para atacar los problemas de fondo era necesario un programa dotado con unos 6.900 millones. Para aproximarse a JxSí, rebajó esa estimación a 3.000 millones, pero la coalición de CDC y ERC se plantó en 270 millones. La dotación final es un 96% inferior a lo planteado al principio y un 91% menos de lo que pidió al comienzo de las negociaciones.

Además, el acuerdo permitió a JxSí abordar la privatización de Aigües Ter-Llobregat de forma genérica al asegurar que “la decisión sobre la titularidad del agua el alta” se determinará en el “proceso constituyente”, cuando se defenderá el “modelo público de gestión”.  Esto incumple, según La asociación Aigua és vida, el Compromiso Social para el Agua al que están suscritos ERC y CUP.

Y, puesto que Mas no ha sido  nombrado presidente, no se ha cumplido la condición que pedía Junts pel Sí para, a cambio, cubrir las becas comedor de las familias más necesitadas; paralizar (aunque no revertir) las privatizaciones en la salud o el BCN World.

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Como dijo Xavier Monge, el Procés es el mayor fraude de la política catalana. El statu quo se mantiene con los mismos poderes fácticos y la democracia queda debilitada tanto por la falta de referéndum pactado como por el golpe de Estado soberanista. Mientras tanto, los catalanes seguirán en riesgo de pobreza, manipulados y gobernados por los que les robaron.  Y si de Madrid tiene que venir la solución, solo esperemos que las imposibilidades de un ‘gran pacto por la unidad de España` no se hagan realidad. Aunque visto lo visto, no nos debería sorprender, al fin y al cabo… así es la nación del Esperpento.

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