Un Prozac llamado Independencia

¿Recuerdan aquel tiempo no tan lejano en el que la Diada era una festividad para mostrar la identidad catalana al mundo y no para celebrar la exaltación (a veces mesiánica) de políticos nacionalistas tanto de derechas como de izquierdas?

Porque Artur Mas,  que lleva las riendas de CiU desde el 2004, en tan solo dos años ha conseguido convertirse en la Imagen de la exaltación independentista en Cataluña  dejando atrás a los grandes símbolos del movimiento en los primeros años de Democracia (que ahora descansan en la sombra, algunos en cómodos colchones pensiones vitalicias y, quizá, cuentas millonarias en Suiza); pero debe compartir protagonismo como símbolo de la nueva Cataluña con Oriol Junqueras con el que tiene en común, no solo la idea de la independencia, sino gran parte de su discurso y una importante política común: distribuir Prozac.

[Para aquellos que no lo sepan, Prozac es un antidepresivo consumido por miles y miles de personas que sufren depresión grave. El medicamento les ayuda temporalmente a lidiar con sus problemas, pero realmente no supone una verdadera solución a largo plazo.]

El apoyo feroz al movimiento independentista coincide con la peor crisis económica que ha sufrido este país desde la Democracia, incluso comparado por algunos historiadores con la época de la posguerra. A la gran mayoría de los ciudadanos nos cuesta dormir, ya sea por el paro (somos el quinto país del mundo con la tasa de paro juvenil más alta, solo superados por Bosnia, Kosovo, Grecia y Macedonia), la deuda o la corrupción. Pero no es coincidencia aleatoria: al mismo tiempo que las cifras escalofriantes mostraban la crisis que afecta a España y la Unión Europea, el porcentaje de independentistas en Cataluña subía como la espuma, como demuestra el Centro de Estudios de Opinión (órgano de la Generalitat) con estos datos que muestran los cambios de la opinión pública respecto a este tema desde antes de la crisis hasta hoy:

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Solo un cínico podría decir que el disparo de la crisis y el auge independentista son pura casualidad.

Por eso, no me preocupa mucho que se celebre o no la consulta sino lo que los resultados que muestre. Porque ir a votar con una alta dosis de Prozac independentista en el cuerpo (o más bien en la mente) puede ser muy peligroso, al no poder ser completamente consciente de las repercusiones reales que tendría el divorcio tanto para España como para Cataluña y que pueden llegar a ser nefastas.

Me apena ver que el Prozac ‘de estelada’ no va a arreglar el 29,5% de pobreza, los casos de corrupción (que pueden situar a políticos venerados como Pujol entre las familias más ricas del país por robar a su pueblo), la creciente desigualdad social o los problemas con la deuda. Para lo único que sirve es para hacernos sentir bien durante un corto periodo, engañándonos, porque a la larga no es la solución para los problemas que realmente afectan a los ciudadanos.

El Prozac nos hace sentir fuertes e incluso invencibles, pero como pasa con todas las drogas, el efecto es efímero.

(Artículo original del estracto publicado en la sección de Opinión de El Periódico escrito por Daniel Guardans y Laura del Alisal)

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