ÉL

Nos conocimos cuando yo aún era una niña. Fue un flechazo. Durante ese tiempo, nuestra relación era imposible, él era demasiado complicado para mi mente en desarrollo, así que decidí que debía finalizar mis estudios para dedicarme totalmente a él. Con esto en mente, me prometí a mi misma que haría todo lo posible para estar con él el resto de mi vida, y él prometió esperarme unos años, hasta que estuviese preparada para disfrutarle plenamente.

Tuvimos nuestro primer encuentro cuando yo aún estaba en primaria. Recuerdo el entusiasmo que sentí cuando tuvimos el primer contacto en aquella biblioteca del colegio que se convertía en una redacción por unas horas durante la tarde solo para que disfrutara experimentando con él. Y me convencí aún más: era el amor de mi vida.

Pero llegó la adolescencia y, con ella, las inseguridades y la estresante toma de decisiones. Mis padre y, bueno, toda mi familia, rehusaban tajantemente la idea de que me dedicara a él en cuerpo y alma. Solían sentarse conmigo de vez en cuando para explicarme que, aunque era evidente que lo amaba y que teníamos una buena relación, no me aseguraba un futuro. “Piénsalo Laura, está en constante cambio, no sabes exactamente adónde te va a llevar y tendrás que volcarte por completo, con todo tu tiempo y esfuerzo, para que te dé algo a cambio (que además seguro que no te da ni para vivir) ¿Estás dispuesta a sacrificar tu vida por una pasión? Seguro que piensas que gracias a él tendrás la oportunidad de viajar por todo el mundo y tener experiencias reveladoras en un campo de refugiados en el corazón de África o en Oriente Medio, pero las cosas no son tan ideales como las imaginas. Lo cierto es que probablemente abusará de ti y tendrás que trabajar todo el día sin parar solo para poder pagar las facturas y no en cosas excitantes, sino sirviendo café. Y ólvidate de lo de ser fiel a tus principios. La mayoría de la gente que ha elegido ese camino ha tenido la obligación de prostituirse para conseguir algún ingreso.” Tuve una terrible pesadilla recurrente en la que estaba trabajando para Pedro J. Ramírez y acababa comiendo con Jiménez Lossantos…. A raíz de aquello empecé a barajar la idea de irme con el Derecho. Después de todo, era sin duda mucho más conveniente. Podría convertirme en notaria, a largo plazo, y vivir una vida despreocupada en un yate… Pero yo no quería eso y, además, no podia forzar mis sentimientos. Así que, finalmente, terminé los estudios secundarios y firmé oficialmente que quería estar con mi verdadero amor.

No puedo negar que, ahora que me he comprometido a él, tengo mis dudas, sobre todo porque aún no he recibido nada a cambio… pero tengo la actitud de conocerle poco a poco. Mi meta es aprender todo sobre él, aprender a predecir sus cambios y dominarle. Creceremos y cambiaremos juntos, y eso es bueno, porque nunca nos aburriremos. Además, recibiré la satisfacción de haber cumplido un sueño y, por supuesto, mucha felicidad. Estoy segura de que tendré una buena vida con el Periodismo, y merece la pena solo por sentir que hice todo lo posible por seguir una pasión.

(Escribí este texto como parte de mi solicitud en la universidad respondiendo a la pregunta de por qué quería estudiar Periodismo. Está traducido directamente del inglés, así que hay algunos errores estilísticos y gramáticos; por ellos, disculpen.)

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